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En el Perú 264 mil personas dejaron de ser pobres entre los años 2015 y 2016

En gran parte la reducción de la pobreza a sido debido a la política social impulsada durante el gobierno nacionalista de Ollanta Humala, promoviendo el acceso a los servicios públicos de calidad, agua, saneamiento, integración por intermedio de carreteras y puentes, todo esto enmarcado en una política publica de inclusión Social.

El Modelo Peruano como lo llama Ban Ki-moon es obviamente eso. Una nueva forma de ver no sólo la reducción de la pobreza, sino establecer una política que junto al crecimiento económico diera una mayor y mejor distribución, de calidad.

El expresidente, Ollanta Humala también destaco la reducción de la pobreza en las zonas rurales, donde muchas veces olvidada, ya que no llegaban los servicios básicos del estado, la estrategia de política social del gobierno nacionalista cerro estas brechas con estrategias como Tambos, Plataforma de Servicios del Estado en el ámbito rural, y Casitas Calientes, una solución creativa para combatir el friaje en zonas alto-andinas.

Este miércoles, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) compartió las cifras de pobreza monetaria del año 2016. Buena noticia, la pobreza siguió bajando, poco, como era de esperarse. Cuando se está ya por debajo del 30% de pobreza los avances son lentos, cada punto adicional de reducción implica un esfuerzo mayor. Hoy, el 20.7% de los peruanos vive aún en situación de pobreza monetaria. Hace 12 años esta misma cifra, era 55.6%.

El cambio es innegablemente positivo. Pocos países han logrado reducciones en la pobreza de esta magnitud en tan corto tiempo. Se puede leer como una pequeña mejora, pero es un punto más en una trayectoria de grandes cambios.

Mejor aun, la pobreza extrema, la indigencia pura y dura, bajó poquito también y está en menos de 4% (3.8%). En el 2005 la pobreza extrema era 16%. En el 2011 cuando discutíamos las metas que el MIDIS debía buscar alcanzar hablábamos de llegar a 20% de pobreza y 5% de pobreza extrema al 2016. Casi se logró para pobreza, y más que se logró para pobreza extrema.

A diferencia de años anteriores, en el 2016 se ha registrado una reducción de la pobreza significativa en la costa urbana (sobre todo en Lambayeque, por ejemplo). A pesar de ello, la pobreza rural ha bajado también llegando a un nivel de 43.8%. Sigue siendo muy alta, peor es casi la mitad de lo que era en 2005 (casi 83%). Además, como ya he comentado en algún otro artículo, es una pobreza distinta, menos profunda. La brecha de pobreza, es decir lo que le falta a las familias en pobreza para dejar de ser pobres se ha reducido significativamente, en 2005 era 21% y hoy es 5%) y menos desigual. Por ejemplo, los hogares rurales con ascendencia indígena presentaban tasas de pobreza muy superiores a las de los hogares sin ascendencia indígena, hoy eso ha cambiado, la pobreza en ambos grupos bordea el 43%.

¿Por qué cae la pobreza?

Por una combinación de crecimiento y redistribución. Por Crecer para Incluir y por Incluir para Crecer. Ahí no hay secretos ni balas de plata. Ambas intervenciones tiene que darse, y darse juntas para retroalimentarse. Es por esta combinación que sube el consumo y los ingresos en prácticamente todos los deciles, pero como en años anteriores sube más en los deciles más pobres. El crecimiento peruano, sigue siendo un crecimiento inclusivo.

¿Qué viene ahora?

Grandes retos. Primero, los desastres naturales pueden afectar negativamente la tendencia de los últimos años, pueden llegar a situaciones de pobreza a hogares que ya la habían superado. Por ello, además de crecer y seguir con las políticas sociales –salud, educación, infraestructura y programas sociales- hay que hacer esfuerzos focalizados en las zonas más duramente golpeadas por El Niño Costero, y asegurar que las familias afectadas recuperarán no solo infraestructura, sino sus medios de vida, su economía del día a día.

Segundo, mantener un esfuerzo sostenido en zonas rurales que solo será sostenible si se articula con intervenciones que logren procesos mayores de desarrollo rural, para los pobres y también para los miles que hoy ya no están en situación de pobreza, pero que aun cuentan con altos niveles de vulnerabilidad y baja productividad. Esto implica favorecer el desarrollo de una pequeña agricultura comercial eficiente, integrada a los mercados urbanos, pero también mercados laborales agrícolas y no agrícolas dinámicos, y mucho más.

Tercero, enfrentar, como se ha propuesto este gobierno, el asunto de la pobreza urbana. Esta pobreza es totalmente distinta a la pobreza rural y por ende necesita otro tipo de instrumentos para ser atendida. El gobierno actual se ha propuesto bajar la pobreza urbana a 9% al 2021. Es una tarea ambiciosa (hoy es 13.9%).

Cuarto, y no menor, hay que asegurar que quienes han superado la condición de pobreza monetaria no vuelvan a dicha condición. Para ello, urge contar con políticas de consolidación de nuestra muy vulnerable clase media, que permita no solo anclarlos fuera de la pobreza, sino mejorar sus niveles de bienestar. Recordemos que muchos de los hogares que han superado la pobreza monetaria, aun enfrentan carencias significativas y aun serían considerados pobres con definiciones multidimensionales de la pobreza. Es decir, todavía hay que ocuparse de aquellos que superaron la condición de pobreza.

Agenda nacional

La tarea de seguir bajando la pobreza sigue siendo un asunto central en la agenda del Perú. Es ahora un trabajo más fino que masivo, que exigirá cada vez mejores intervenciones: más precisas, más focalizadas, más sofisticadas y sobre todo intervenciones que articulen acciones de varios sectores y niveles de gobierno, que sucedan de distintas formas en distintos contextos geográficos, culturales y políticos.

Seguir bajando la pobreza no resuelve todos los problemas de los peruanos más vulnerables, tampoco implica que ya no tendrán de qué preocuparse. Nada de eso, pero si genera un piso mínimo, común, a todos los ciudadanos. Un piso mínimo que es la base para una sociedad que aspira a ser más justa, más solidaría y donde todos podamos, con igualdad, ejercer nuestros derechos. Acabar con la pobreza es una de las condiciones para avanzar hacia una menos desigualdad.

Mucho que hacer todavía, pero sobre todo presión para hacer intervenciones y acciones más complejas, más exigentes. Se necesita visión y estrategia para cada caso. Y también mucha voluntad política para no alejarnos del objetivo Veremos si nuestro sector público y nuestra clase política dan la talla.

Fuente: La Mula

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